Mientras, en Mali

marzo 20 | En Internacional | Por | Con Sin comentarios

Desde que en marzo de 2012 el ejército de Mali promoviese un golpe de estado que destituyó al presidente del país sólo un mes antes de los comicios electorales, el recrudecimiento del conflicto nacionalista tuareg ha ido acompañado de la entrada en escena de grupos yihadistas que se han hecho fuertes en el norte de la excolonia francesa. Tras la intervención militar de Francia en apoyo del gobierno de Bamako, la capital del país, nos preguntamos qué hemos entendido del conflicto en Mali, qué intereses han configurado el nuevo organigrama de poder en la región y qué situación humanitaria ha dejado la guerra en el país.

Lo que hoy conocemos como República de Mali estaba prácticamente bajo dominio de Francia ya en 1905, integrado en el “Sudán francés”. Mali consiguió su independencia en 1960 unido a Senegal. Esta unión, sin embargo, desapareció en el mismo año, quedando la República de Mali como país independiente.

La región del Azawad ocupa dos tercios del país

La región del Azawad ocupa dos tercios del país

El primer gobierno del país instauró un modelo unipartidista y de corte soviético que comenzó a vivir su declive en los 80. Durante esa década el modelo se acercó a la apertura política sin consagrarse como democracia plena, lo que motivó un golpe de estado contra el ejército en 1991 y la creación de una nueva constitución en 1992. Las primeras elecciones libres de Mali dieron el poder a Alpha Oumar Konaré, que se mantuvo al frente del gobierno hasta que en 2002 fue sucedido por Amadou Toumani Touré, general retirado artífice del golpe de estado de 1991. La paulatina apertura económica y política de Mali desde entonces fue interrumpida, sin embargo, por la violencia procedente del conflicto nacionalista con los tuareg, grupo étnico que ocupa el norte del país y que históricamente ha reclamado su independencia del sur.

El pasado año Touré fue derrocado por un nuevo golpe de estado, esta vez a manos del Ejército de Mali, que se dijo empujado a tomar el control ante la debilidad del gobierno para enfrentar al movimiento separatista tuareg. Tras las primeras reacciones al golpe, el ejército accedió a la celebración de unas nuevas elecciones, hasta las cuales asumiría el poder Dioncounda Traoré, en calidad de presidente del Parlamento. Traoré se ha mantenido en el cargo hasta la actualidad, aunque su presidencia se define como interina. Tan sólo un mes después del golpe, el Movimiento Nacional por la Liberación de Azawad (MNLA) aprovechó la confusión política en Mali para tomar el control de territorios más amplios en el norte del país y declaró, unilateralmente, la independencia de Azawad, territorio del norte de Mali que los tuaregs reclaman como propio.

La lucha por la independencia del pueblo tuareg y la “afganización” de Mali

Los tuaregs -conocidos como “los hombres azules”, debido al color del tinte de sus ropas- son un pueblo bereber de tradición nómada que ocupa parte del África subsahariana presente en cinco territorios políticos: Mali, Argelia, Libia, Burkina Faso y Níger. El trazado rectilíneo y artificial de las fronteras derivado de la colonización del continente africano provocó, como en tantos otros casos, la ruptura de un territorio étnico traducida hoy en conflictos nacionalistas como el que de nuevo se ha recrudecido en Mali.

El pueblo tuareg se ha considerado tradicionalmente marginado por parte de los poderes coloniales y, después, por los gobiernos de los países surgidos en el Sahel. Además de denunciar constantes expolios, genocidios y humillaciones contra su pueblo, consideran que Mali acumula 50 años de mal gobierno, de corrupción política y financiera y de mala gestión de la situación del pueblo tuareg que, ante la desertización del territorio, ve amenazada su supervivencia bajo el control político de Bamako. Su situación, en una zona de condiciones de vida extremas, ha provocado frecuentes hambrunas, pérdidas de ganado y migraciones forzosas ante la impasibilidad de los gobiernos del Sáhara Occidental, que han mantenido el control del territorio sin integrar al grupo étnico. Muchos jóvenes tuaregs se vieron forzados a emigrar a países fronterizos como Libia, donde miles de ellos pasaron a formar parte de las milicias de Gadafi.

El territorio que el movimiento separatista tuareg ha proclamado independiente, Azawad, engloba a tres ciudades principales: Tombuctú, Kidal y Gao. Es la zona norte del país, con mucha menos densidad de población debido a su carácter desértico (cerca de un millón y medio de habitantes del total de 15 millones de Mali) pero de una extensión equivalente a dos tercios del territorio nacional. Esta nueva ofensiva del pueblo tuareg ha estado caracterizada por la entrada en escena de grupos islamistas salafistas que han apoyado al Movimiento Nacional por la Liberación de Azawad, condicionando su apoyo, según ha revelado el curso de los acontecimientos, a un mayor seguimiento de la sharia en los territorios reclamados y, en definitiva, a una islamización más radical de los mismos. Los principales grupos que han apoyado el proyecto del MNLA son Ansar Dine, grupo islamista tuareg, Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y el Movimiento para la Unidad y la Yihad en África Occidental (MUYAO). Muchos de los combatientes de todos estos grupos salieron reforzados armamentísticamente del conflicto bélico en Libia tras la caída del gobierno de Gadafi.

El Movimiento Nacional por la Liberación de Azawad (MNLA) y los grupos salafistas luchan por el control del norte del país, si bien sus objetivos no son los mismos. El MNLA persigue la independencia étnica y territorial de los tuareg en Mali bajo los preceptos de la recuperación identitaria y, según se recogía en la declaración de independencia de Azawad, de la construcción de un sistema democrático adherido a la carta de la ONU que pretende respetar la legalidad internacional en sus relaciones fronterizas. Los grupos salafistas pretenden instaurar una contemplación estricta de la sharia -la ley coránica- como legislación en el territorio bajo su control y la colaboración en la yihad islámica contra Occidente.

El acuerdo entre el MNLA y los grupos yihadistas se rompió, una vez conseguido el control del norte de Mali, debido a la imposibilidad de aunar posturas sobre el futuro del Azawad, lo que se tradujo en enfrentamientos armados entre facciones y miles de personas refugiadas en el sur de Mali procedentes del territorio conquistado por los rebeldes. Desde junio de 2012 se registraron ataques al MNLA por parte de los grupos yihadistas, que en ese mes consiguieron tomar por completo Tombuctú y reclamar como propio el territorio bajo el único objetivo de la defensa del Islam, explusando a sus ex-aliados, los integrantes del MNLA.

El Movimiento Nacional por la Liberación de Azawad se ha declarado desde entonces fiel al gobierno de Bamako para frenar el avance armado de los grupos salafistas y negociar con Mali la reclamación de independencia de los tuareg. Desde junio de 2012 hasta la intervención militar francesa, el problema nacionalista tuareg ha dado paso a la consolidación de un fuerte reducto fundamentalista islámico en el norte del país que muchos ya han definido como un proceso de “afgnanización” de Mali. El control de un amplio territorio en el corazón del Sahel y la riqueza mineral de la región son las claves de los intereses desplegados en la zona. El reconocimiento de la independencia de Azawad por parte de la comunidad internacional está ahora, paradójicamente, más lejos que antes de iniciar la rebelión, ya que Occidente luchará por no dejar la zona en manos de grupos armados conectados a Al Qaeda.

La actuación del Gobierno de Mali y la intervención francesa

Ante la debilidad del ejército de Mali, en septiembre del 2012 el gobierno del país pidió ayuda a la ONU para evitar el avance de los grupos islamistas en el norte e intentar la recuperación de los territorios ocupados. La Comunidad Internacional acordó la intervención de las fuerzas del ECOWAS (Comunidad Económica de los Estados de África del Oeste), que mediante la creación de AFISMA (Misión Internacional en Apoyo a Mali dirigida por África), organizó un contingente militar con las aportaciones de las fuerzas armadas de los países del África occidental. A este apoyo de fuerzas africanas se sumó, en la Operación Serval, un gran contingente militar enviado por Francia, que se dijo empujada a intervenir en el conflicto dada su estrecha conexión histórica con el país, la defensa de los miles de ciudadanos franceses residentes en Mali y de la actividad económica que Francia mantiene en su ex-colonia.

Fuerzas del ejército de Mali. REUTERS

Fuerzas del ejército de Mali. REUTERS

A finales de enero la ofensiva conjunta dio por conseguido el grueso de los objetivos marcados: el control de las principales ciudades del norte de Mali. Sin embargo, la inestabilidad continúa imperando en la zona y muchas organizaciones internacionales han denunciado abusos contra los derechos humanos también provenientes de las fuerzas que han luchado contra la amenaza yihadista. En particular, Human Rights Watch y Amnistía Internacional han procesado múltiples denuncias contra el ejército de Mali por maltrato a población tuareg y árabe en los territorios en conflicto.

De este modo, la intervención francesa y el desarrollo del conflicto arrojan ciertas sombras sobre la actuación de la antigua metrópoli. Por un lado, se ha cuestionado la relación entre su intervención y los importantes yacimientos de uranio en la zona, potencialmente imprescindibles para la industria nuclear francesa. Por otro, el peligro de la extensión del yihadismo a todo el Sahel no permite entender la intervención francesa como una solución siquiera a medio plazo para Mali y los países de su alrededor. Aunque la salida de las tropas francesas vendrá acompañada de la llegada de fuerzas del ECOWAS y de un grupo de formación enviado por la UE, el éxito estabilizador y formativo de estas campañas está en entredicho, como se ha puesto de manifiesto en conflictos como el de Irak y Afganistán, puesto que el apoyo técnico no es capaz, por sí solo, de dar solución a un problema que en el fondo es político.

Los expertos apuntan hacia un posible enquistamiento del conflicto que podría salpicar directamente a Francia si no se replantea una intervención política en la zona y, sobre todo, en un traslado del problema hacia Níger, uno de los países más pobres de la zona y con una estructura de gobierno más débil. El Sahel es considerado hoy día una zona de adoctrinamiento de radicales, un proceso para el que la pobreza y la desestructuración política son los mejores aliados.

Los derechos humanos en la guerra en Mali

Los principales daños colaterales de la guerra contra los yihadistas son, de nuevo, las víctimas de la guerra y las violaciones de los derechos humanos en la zona de conflicto. A Francia se le ha acusado de no ejercer control sobre las fuerzas militares de Bamako, ahora que trabajaban juntos en la Operación Serval.

TRAORÉ

Saloum Traoré, director de AI en Mali

En la misma línea, la experiencia personal del director de Amnistía Internacional en Mali avala la falta de control político sobre el ejército y la impunidad de sus actuaciones. Saloum Traoré huyó de su país tras evitar ser detenido ilegalmente por efectivos no identificados. La hipótesis del director de AI es que, tras la publicación de un dossier que denunciaba graves violaciones de derechos humanos en el Azawad por parte de soldados y particulares, y que pedía a Mali y a Francia medidas efectivas al respecto, el propio ejército de Bamako podría estar intentando acallar su voz. “ Es muy duro que el gobierno en el que una vez creí pueda hacerme daño”, declara Traoré mientras muestra las heridas en sus brazos provocadas por la huída improvisada desde su casa hasta la casa de unos vecinos. El director de Amnistía Internacional en Mali ha visitado varios países europeos pidiendo a sus gobiernos que actúen para ayudar a su país a superar esta guerra no sólo con apoyo bélico, sino actuando firmemente por la defensa de los derechos humanos y promoviendo juicios justos, bajo las leyes internacionales, contra los culpables de las desapariciones, torturas y ejecuciones ocurridas en el transcurso de la ofensiva militar contra los yihadistas dirigida por Francia en Mali.

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