El conflicto colombiano: entre la esperanza y la inquietud

abril 19 | En Internacional, Portada | Por | Con 1 Comentario

El 15 de Noviembre de 2012 se inició en La Habana (Cuba) un nuevo capítulo en pro de la resolución del más longevo y uno de los más sangrientos conflictos de América Latina. Las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y el Gobierno colombiano se sentaron por cuarta vez desde la conformación del ejército revolucionario en la misma mesa para buscar una salida conjunta a un enfrentamiento que se ha llevado miles de vidas y que ha generado una profunda brecha en el seno del país sudamericano.

Tras tres fracasos por alcanzar la paz, esta vez se pretende desde ambas partes que sea la definitiva, respaldados por la comunidad internacional, incluido Estados Unidos –sin implicarse en el proceso- y con la figura de dos países garantes como Noruega y Cuba, ambas sedes del desarrollo de las negociaciones.

Si bien los ánimos iniciales parecían dar muestras tangibles de optimismo, la lentitud de las conversaciones, así como otros elementos exógenos como el calendario electoral colombiano hacen que comience a extenderse una sensación de desasosiego y cierta zozobra que puede dañar gravemente el curso del diálogo y sus resultados posteriores.

Las FARC en la compleja realidad colombiana

La constitución de las Fuerzas Armadas Revolucionarias se selló en Abril de 1966 en el Meta, un departamento central del país. Sin embargo, ésta queda encuadrada dentro de un movimiento más amplio y de un mayor recorrido asociado a los movimientos campesinos –en un primer momento- y al Partido Comunista Colombiano (PCC), heredero del Partido Socialista Revolucionario (PSR) desde 1930, adscrito a planteamientos revolucionarios orientados a una toma del poder de las bases sociales mediante las vías político-militares.

Desde su creación el PCC fue objeto de represión y el destinatario de sucesivas campañas orientadas a la extinción de los grupos que detentaban este perfil ideológico, sobre todo en zonas rurales –en tanto que suponían un serio desafío y una puesta en cuestión del sistema latifundista de los grandes terratenientes sobre el cual se había organizado la economía colombiana- lo que implicó la conformación de autodefensas campesinas y creación de grupos guerrilleros.

Guerrilleros armados de las FARC

Guerrilleros armados de las FARC

Al mismo tiempo Colombia sufrió un periodo de gran convulsión política entre los dos grandes partidos del país, liberales y conservadores –jalonado por numerosos episodios violentos- que terminó con una amnistía en 1953 bajo la presidencia de Gustavo Rojas Pinilla, la cual excluía a los comunistas y los declaraba ilegales.

La llegada al poder en los años sesenta del Frente Nacional provoca un endurecimiento de las políticas hacia los grupos guerrilleros y el comienzo de un ataque indiscriminado hacia las áreas base donde estos grupos habían mantenido sus estructuras organizativas, ahora constituidas como Repúblicas Independientes; lo que precipitó la configuración formal de las FARC de lo que se conocía como el Bloque Sur. 

La década de los setenta supuso una recuperación de la guerrilla y la primera estructuración de un ejército guerrillero, así como la apertura de nuevos frentes en Antioquia y el Valle del Cauca.

En 1982 las FARC cambia su denominación a FARC-EP (Ejército del pueblo) ampliando su presencia a nivel nacional y abandonando el exclusivismo campesino para urbanizar el conflicto, puesto que era en las grandes urbes donde se manifestaban las mayores contradicciones sociales. Desde 1985 la organización experimenta una expansión acelerada que se ve apoyada por la Ley General de Amnistía de 1982, primer intento desde el Gobierno por acercar posturas y promover diálogos en busca del fin de la violencia. El 28 de Marzo de 1984, de la mano del ejecutivo de Belisario Betancur se firman los Acuerdos de Cese al Fuego y Tregua que serían ratificados tanto por las FARC-EP como por otras agrupaciones guerrilleras como Autodefensa Obrera (ADO), varios destacamentos del Ejército de Liberación Nacional (ALN), el M-19 y el Ejército Popular de Liberación (EPL). De este acuerdo surge en el seno de las FARC la Unión Patriótica (UP) como brazo político consiguiendo 14 congresistas en el Senado, 18 diputados en 11 asambleas departamentales y 350.00 votos en las elecciones presidenciales de 1986. Posteriormente todas las guerrillas se agruparían en la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (CGSV) que jugaría un importante papel en posteriores intentos de paz al plantear temas como la militarización de la vida social y la política neoliberal desplegada por el Gobierno.

Para hallar el último intento de entendimiento hasta el comenzado en 2012 hay que trasladarse a la administración de Andrés Pastrana a finales de la década de los noventa, bajo el objeto de insertar a las FARC en la vida social y alejarlas de la violencia. No obstante, estas conversaciones fueron tan insatisfactorias como sus predecesoras y finalizaron abruptamente en 2002, aunque cabe destacar que sí tuvieron un aspecto diferencial en tanto que un conflicto interno se internacionalizó, en gran medida por los esfuerzos de un gobierno que veía en esta opción la única vía para revertir su debilidad frente a la guerrilla y también por su relación con el narcotráfico.

El narcotráfico dentro del conflicto

Desde 1979 la relación entre cultivos ilícitos –sobre todo de hoja de coca- y las FARC se ha fortalecido notablemente y se ha ligado al ascenso de la organización guerrillera, sobre todo en la década de los ochenta. Su presencia en los departamentos del sur del país propició un acercamiento con los cárteles –especialmente de Calí y Medellín- auspiciado por un beneficio mutuo del cual las FARC obtenía recursos para financiar sus actividades dirigidas al debilitamiento del Estado y los cárteles se veían favorecidos en tanto que es esto facilitaba sus operaciones.

Mediante una serie de impuestos sobre la producción –llamados gramajes- además de otras actividades relacionadas con estas prácticas, comenzaron a rivalizar con los grupos organizados del narcotráfico, lo que se tradujo en violentos enfrentamientos en el norte que ocasionaron la ruptura del vínculo entre ambos a finales de los ochenta con el asesinato de Jaime Pardo Leal –perteneciente a la Unión Patriótica- dentro de un cruce de ataques y secuestros entre las FARC, los cárteles de la droga y el Gobierno, de los cuales será precisamente el brazo político de las fuerzas revolucionarias el más castigado.

FarcLa década de los noventa significó para las FARC un aumento de presencia en el terreno del narcotráfico, incluso llegando a controlar un 70% del mercado del país en 1998, hecho que, conjuntamente con el alto nivel de violencia y un desplazamiento masivo de colombianos -300.000 desplazamientos contabilizados en 1996-, desencadenó la puesta en marcha del Plan Colombia. Esta iniciativa, presentada por Andrés Pastrana y financiada por Estados Unidos desde su ratificación en el Congreso de dicho país en el año 2000, contemplaba la reducción a la mitad del cultivo en territorio colombiano, la modernización del sector de defensa y políticas compensatorias orientadas a la promoción de empleo y respeto de los Derechos Humanos de los colectivos afectados. De otro lado, el Plan Colombia también ha generado controversia en diversos sectores críticos que no han dudado en argumentar que más allá de las disposiciones enfocadas al combate del narcotráfico lo que verdaderamente perseguía este proyecto desde su comienzo era la supresión definitiva de una alternativa sistémica representada en mayor medida por las FARC.

Con las presidencias de George W. Bush en Estados Unidos y Álvaro Uribe en Colombia –desde 2001 y 2002 respectivamente- la política se securitizó, convirtiendo lo que era una guerra contra el narcotráfico en una “guerra contra el terrorismo”; disparando el presupuesto del Plan Colombia –de 7.500 millones de dólares iniciales se pasó a desembolsar unos 10.732 millones aproximadamente- y haciendo imposible un nuevo intento de acercamiento de posturas entre las FARC y el Gobierno de Colombia. Durante los dos mandatos de Uribe –hasta 2010- se desplegará un conjunto de procedimientos dentro de la Política de Defensa y Seguridad Democrática (PSD) que contemplaban fumigaciones masivas con glifosato, intervenciones paramilitares y operaciones de gran magnitud como el Plan Victoria y el Plan Patriota.

Internacionalmente una actitud tan militante con el apoyo de Washington supuso un enfriamiento de las relaciones con el resto de países de la zona; especialmente graves fueron las relaciones con Venezuela y con Hugo Chávez, en tanto que ambos líderes –Uribe y Chávez- encarnaban idearios y posiciones abiertamente opuestas en cuanto a las FARC.

¿Ésta vez sí?

Juan Manuel Santos llegó a la presidencia de la mano de Álvaro Uribe el 7 de agosto de 2010. Sin embargo, su legislatura se ha alejado sensiblemente de los estándares de los ocho años previos. A este precepto se sumó la entrada de Barak Obama en la Casa Blanca con un empeño firme en reducir la dotación económica del Plan Colombia en una lenta, pero progresa desactivación del proyecto.

foto farc

Diálogos de paz en La Habana

Las negociaciones se restablecieron entre ambas partes diez años después del último intento con un preámbulo en Oslo y unas negociaciones en La Habana que se pretenden que sean definitivas en este 2013.

Si bien ha habido muestras de buena voluntad tanto por las FARC –que decretaron una tregua de dos meses que venció en enero de 2013- como del Gobierno, los plazos están lejos de cumplirse, azuzados tanto por las circunstancias propias de la negociación –en la cual el Gobierno no está dispuesto a ceder una zona de distensión controlada por las FARC como sucediera en las negociaciones con la administración Pastrana- como coyunturas externas –la proximidad de las elecciones presidenciales colombianas en 2014 y la incertidumbre venezolana sin Chávez- a las que se suman las dudas lógicas acerca de los verdaderos propósitos del gobierno, que condicionan y dificultan una posible hoja de ruta definitiva.

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Un comentario en El conflicto colombiano: entre la esperanza y la inquietud

  1. Julia dice:

    Se agradece encontrar artículos que contextualicen y expliquen más allá de lo que leemos diariamente en la prensa común, especialmente sobre Latinoamérica. Gran artículo!

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