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Clubes para gobernar: G20 y G8

junio 21 | En Contexto, Dinero | Por | Con Sin comentarios

El G20 o Grupo de los 20 está integrado por la Unión Europea como miembro unitario, el G8 (EEUU, Canadá, Japón, Alemania, Reino Unido, Italia, Francia y Rusia), Corea del Sur, Argentina, Australia, Brasil, China, India, Indonesia, México, Arabia Saudí, Suráfrica, y Turquía. El estatus de España en el G20 es de invitado permanente desde 2008, año desde el que participa en todas las reuniones del Grupo.

Al G8, grupo más selecto y homogéneo, se le atribuyen principalmente las competencias en materia de seguridad mundial, además de desarrollo internacional y medio ambiente, entre otros temas que afecten a las grandes potencias mundiales. El G20 se encarga, casi exclusivamente, de asuntos económico-financieros, además de compartir asuntos relacionados con el medio ambiente y la energía con el Grupo de los 8.

Países miembros del G20. España es el único invitado permanente en las reuniones.

Países miembros del G20. España es el único invitado permanente en las reuniones.

La idea que emana de la organización de ambos grupos es la de que los asuntos relacionados con la seguridad son mejor tratados por un reducido grupo de países, mientras que la globalización de la economía requiere la incorporación en el proceso de toma de decisiones de las economías emergentes.

Se ha extendido la idea de que el G8 o Grupo de los 8 es una organización que acoge a los 8 países más industrializados del mundo, lo que, si fuera cierto, dejaría fuera a Italia y Canadá e incluiría a China y Brasil. Esta organización nació en 1973 con 6 miembros entre los que no se encontraban ni Canadá, que se incorporó 3 años después, ni Rusia. Se creó bajo lo que se conoce como “like-minded”, es decir, con la idea de agrupar países con ideologías, valores y culturas afines (básicamente occidentales, ricos y con buenas relaciones diplomáticas y comerciales con EEUU) en un momento de crisis económica, con el fin de coordinar las agendas de los países occidentales,  poner en común información y conocimientos, movilizar recursos, definir normas y estándares comunes para hacer frente a la situación económica y realizar medidas concretas que beneficiaran a la recién creada Sociedad. En 1997 se incorpora Rusia como miembro de pleno derecho, quien hasta este momento había actuado de miembro observador sin la posibilidad de participar en los debates económicos por no ser parte de la OCDE.

Las decisiones tomadas en las cumbres del G8 sirven de impulso a la economía mundial y en ella se acuerdan las reformas necesarias para su supervivencia tales como liberalización comercial y financiera, privatizaciones y flexibilidad del mercado laboral. Se toman también decisiones en cuanto a la postura a seguir en temas como la lucha contra la pobreza, las iniciativas de reducción de la deuda o las ayudas en la lucha contra las enfermedades infecciosas como el sida o la malaria.

El G8 no tiene capacidad formal para implementar las políticas que diseña. Para la ejecución de sus iniciativas, cuenta con el poder de sus países miembros en las instituciones internacionales como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el FMI o la OMC. De hecho, de los cinco miembros permanentes (con derecho a veto) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, cuatro son miembros del G8, y en el marco del Banco Mundial y el FMI los países del G8 acumulan más del 44% de los votos.

El surgimiento del Grupo de los veinte (G20) de Ministros de finanzas y Gobernadores de bancos centrales del G20 obedeció a una coyuntura similar a la del G8. Se estableció en 1999, para reunir a las economías industrializadas y en desarrollo más relevantes y debatir cuestiones clave en la economía mundial como respuesta tanto a las crisis financieras de finales de 1990 como al sentimiento que imperaba de que los principales países de mercados emergentes no eran incluidos de forma adecuada en el debate económico mundial.

Este grupo, más amplio, estudia, revisa y promueve discusiones sobre temas relacionados con los países industrializados y las economías emergentes, con el objetivo de mantener la estabilidad financiera internacional, y de encargarse de temas que estén más allá del ámbito de acción de otras organizaciones de menor jerarquía.

La coexistencia de estas dos organizaciones ha suscitado diversas teorías al respecto, tanto sobre la pertinencia de que coexistan como de su posible futuro y colaboración. Según un ensayo titulado El G20 y el nuevo orden mundial escrito por el Doctor en Sociología de la Universidad de Regensburg, Günther Maihold, estas son las cuatro teorías imperantes al respecto:

- Pese a que el G8 y el G20 cuentan con grandes diferencias en su formación y en sus objetivos, una teoría apunta a que el G20 acabará ampliando su campo de actuación fuera de los asuntos económicos y financieros y engullendo las competencias del G8, que desaparecería integrándose en el grupo de mayor número.

- La segunda, pone en valor las diferencias de las dos asociaciones sobre todo en relación a sus miembros y la posibilidad de su coexistencia sin que se superpongan sus competencias. El G8 se encargaría en exclusiva de los asuntos de política global, atendiendo a la homogeneidad de  sus miembros y a ese espíritu de “like-minding” que ya hemos nombrado, y sólo extendería su influencia al G20 en ocasiones puntuales. El G20, sin embargo, trataría únicamente asuntos económico-comerciales, puesto que se vería limitado para cuestiones sociales, entre otros motivos, por albergar a países con gobiernos totalitarios en su seno.

- Una tercera vía sería la de cooperación: en ésta, el G20 abordaría los temas económicos financieros, como parte de un foro Norte- Sur, y el G8 atendería a cuestiones puramente político sociales en un clima de colaboración de ambos grupos.

- Sin embargo, hay una teoría que, basándose en las diferencias de estos dos grupos debido a los miembros integrantes y a la vez en sus similitudes por esta misma razón y por las cuestiones que abordan, entiende que diferentes temas que atañen a ambos grupos tales como el medio ambiente, el cambio climático, la energía, etc., podrían verse afectados por una rivalidad entre el G8, que atiende a las necesidades de occidente y Rusia (países más ricos con una industria altamente deslocalizadas), y las del G20, con unas relaciones Norte-Sur más evidentes.

Los únicos documentos totalmente públicos en las cumbres del G8 son las declaraciones finales, a pesar de la relevancia de las cumbres. No existe transcripción de las mismas ni de los documentos preparatorios: aún siendo elaborados por funcionarios públicos de los países miembros, son generalmente secretos y muy raramente salen a la luz pública. Después de cada reunión los comités publican un comunicado en el que se incluyen los acuerdos alcanzados y las medidas tomadas.

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