Monitorización electoral internacional: El caso de Venezuela

junio 21 | En Internacional, Portada | Por | Con Sin comentarios

En los últimos veinte años más de 50 países han adoptado la democracia como sistema de gobierno y desde el año 2000 solo once no han celebrado elecciones. En este panorama de democracias emergentes, surge un sistema de control electoral que, valiéndose de distintos organismos interestatales y organizaciones no gubernamentales, vela por la transparencia y la legitimidad de los comicios electorales.

Nicolás Maduro, presidente electo de Venezuela

Nicolás Maduro, presidente electo de Venezuela

La observación internacional tiene por objetivo evaluar el proceso electoral, sobre la base de la legislación nacional delimitada en cada Constitución y de los estándares democráticos internacionales. Esto no significa que la Monitorización internacional sea una garantía democrática, pero un país que decide someterse al proceso es el primer interesado en que su democracia no sea deslegitimada, por lo que existe un especial cuidado en que las instituciones y las personalidades invitadas gocen de reconocimiento internacional. Dichas organizaciones y observadores individuales de gobiernos extranjeros pretenden evitar el fraude electoral, para lo que emiten informes sobre la conducta electoral, valiéndose de la vocación de neutralidad como principio. Como ya hemos dicho, los observadores son convocados igualmente por gobierno y oposición con lo que se consigue un equipo con individuos de intereses políticos y diplomáticos dispares.

Algunas democracias emergentes encuentran su legitimidad en entredicho incluso con una explícita y exhaustiva monitorizació. Es el caso de Venezuela, cuyas elecciones celebradas el pasado abril dieron una exigua victoria a Nicolás Maduro, sucesor de Hugo Chávez al frente del Partido Socialista Unido de Venezuela, y tras las cuales el país se encuentra en una grave crisis política. La derecha venezolana, liderada por de Henrique Capriles, manifestó el descrédito por la legitimidad de las elecciones. El principal partido de la oposición, Primero Justicia, liderado por Henrique Capriles, se ha negado a reconocer la victoria de Maduro alegando un supuesto fraude político en los comicios y en la posterior auditoría, celebrada a petición suya, y en la que, finalmente, no se encontraron irregularidades. La campaña informativa de la derecha de Capriles acerca de las supuestas irregularidades del proceso no sólo duda de los resultados de las elecciones sino que pone en entredicho tanto el cumplimiento de la legalidad del partido en el gobierno a la hora de repartir los horarios para propaganda política en los medios informativos públicos como la actuación del gobierno durante los comicios, en los que aseguran que se usó la fuerza y la coacción para inducir el voto a su favor. Prestando atención a la duda sobre los resultados de los comicios, se hace necesario recordar que tanto Venezuela, como muchos otros países, tanto latinoamericanos como del resto del mundo, someten sus elecciones a un proceso de observación internacional que vela por que se cumplan los estándares democráticos. Los observadores, que estudian el proceso desde la convocatoria de elecciones hasta los procesos posteriores a los comicios, son invitados por parte del gobierno y de la oposición.

En el caso concreto de Venezuela, la emisión del voto es digital, tras lo cual se imprime un comprobante que el votante deposita en la urna electoral. Al final del proceso esas papeletas son cotejadas, en público, con los resultados de la mesa, lo que supone una doble seguridad en el recuento.

Según la vicepresidenta del Consejo Nacional Electoral de Venezuela, Sandra Oblitas, para estas elecciones había acreditados 3435 observadores nacionales e internacionales, 40 de los cuales serían de Unasur y 30 invitados acompañantes de Uniore, así como altos representantes de Mercosur. Entre los observadores extranjeros se encontraban los españoles José Bono, expresidente del congreso de los diputados, Raúl Morodo embajador de España en Venezuela y los diputados Daniel Serrano (PP), Antonio Trevín (PSOE), Antoni Picó (CIU), Enrique López (IU), Aitor Esteban (PNV).

La monitorización electoral empieza a ser utilizada después de la II guerra mundial en las democracias emergentes del eje. A partir de la década de los 90, se empieza a monitorizar los procesos electorales de países en vías de desarrollo, sobre todo de América Latina y África. Últimamente se han sometido a procesos de observación electoral democracias consolidadas como EEUU, Suiza y otros países europeos.

Monitorización electoralHay observadores de largo y de corto plazo. Los de largo se encargan de la monitorización de todo el proceso mientras que los de corto se encargan del buen funcionamiento de la jornada electoral. Las misiones de observación electoral en estándar internacional, por ejemplo, la OSCE, Organización para la seguridad y la Cooperación en Europa, o la  Oficina para Instituciones Democráticas y de Derechos Humanos (ODIHR), monitorizan todo el proceso electoral. Expertos electorales y observadores a largo plazo comienzan su trabajo semanas antes del día de las elecciones, observando el registro de candidatos, el marco legal, la situación de los medios, el trabajo administrativo electoral y el ambiente de campaña. El día de las elecciones, los observadores a corto plazo monitorizan la apertura de las estaciones de votación, el sufragio y el recuento de los resultados. Tras las elecciones, los observadores permanecen en el país por unas pocas semanas para monitorizar cómo los posibles defectos relacionados con las elecciones y las quejas son gestionados por la administración electoral y el sistema judicial. Los hallazgos de los observadores se publican en informes emitidos después del día de las elecciones. Las Naciones Unidas ya no facilitan servicios de monitorización; en su lugar, se enfocan en la asistencia electoral.

Gobiernos individuales también participan en esfuerzos de monitorización, generalmente bajo el cobijo de una organización internacional. Estos esfuerzos nacionales son usualmente gestionados por la comisión electoral local. Una amplia selección de ONGs participan en los esfuerzos de monitorización como es el caso del Centro Carter, creado por el expresidente de los EEUU Jimmy Carter.

La observación internacional está complementada en muchos países por grupos locales de observadores. En Europa, el Congreso del Consejo de Europa ha monitorizado más de 50 procesos electorales desde 1990. En América, la M.O.E. ha observado más de 24 procesos electorales nacionales y locales.

En Venezuela, son muchos los partidarios de la tesis del pucherazo en estas elecciones, algo que, por otra parte, no es novedoso en los procesos electorales del país. Muchos otros sostienen que Capriles se ha valido de la casi insignificante diferencia de votos entre las dos fuerzas políticas y ha aprovechado la ocasión para arañar votos a su favor. En cualquier caso, los observadores que han tomado parte en las elecciones de Venezuela del pasado 14 de abril, no han declarado, en ningún caso, la observación de alguna irregularidad en alguna parte del proceso ni así lo ha revelado el recuento de votos realizado este pasado mes de mayo. Ante esta falta de testimonios y la dificultad de conseguir pruebas que acrediten el fraude, la impugnación del resultado que pretende Capriles ante el Tribunal Superior de Justicia no supondrá, presumiblemente, ni una nueva votación, ni la destitución de Nicolás Maduro de su cargo.

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