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Irlanda del Norte: la desnacionalización del conflicto

julio 21 | En Internacional | Por | Con 1 Comentario

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Como cada año miles de personas salen a la calle para celebrar el 12 de julio en Belfast. Bajo banderas de la Orden de Orange, del Reino Unido y del Ulster recorren las calles de la capital norirlandesa para celebrar la victoria del rey William de Orange (protestante) sobre las tropas de James II (católico) en la Batalla de Boyne en 1690.

La víspera del 12 de julio comienzan las celebraciones: decenas de hogueras de hasta 40 metros de altura arden en todo Belfast, hogueras en cuyas cúspides pueden verse banderas irlandesas, y ahora también de la Unión Europea.

Pero, ¿qué hace una bandera irlandesa ondeando en una celebración protestante?

Irlanda del Norte está dividida discursiva y físicamente entre quienes se consideran irlandeses, quienes se perciben norirlandeses y quienes se señalan británicos. Son estos últimos, o un sector de ellos, los que vienen ocupando los titulares de la prensa internacional en los últimos meses. En 2012, el paso del desfile del 12 de julio por una comunidad católica (Ardoyne) fue acompañado de disturbios que motivaron la decisión de la Comisión de Desfiles de suprimir su paso en 2013. Desde el día siguiente se han podido ver disturbios focalizados en el este y norte de la capital norirlandesa, en aquellos lugares donde las comunidades católica y protestante casi llegan a tocarse (flashpoints).

Esto ha provocado que desde otras partes del Reino Unido se hayan trasladado a Belfast efectivos policiales que fueron formados en el mismo territorio norirlandés tan solo unos meses antes con motivo del G8. Aprovechando este evento, Irlanda del Norte, o sus representantes, quisieron mostrar al mundo una región segura para el turismo y la inversión, y que ha dejado tras de sí un período de su historia que ahuyentaba a ambos. Sin embargo, lo que desde Irlanda del Norte se percibió fue una ciudad en tiempos de guerra escoltada de nuevo por cientos de unidades policiales.

Tan solo unos meses antes del G8, el Ayuntamiento de Belfast tomó la decisión de ondear la bandera británica durante 15 días en lugar de los 365 que se venían haciendo hasta diciembre de 2012. Tras esta decisión se produjeron disturbios durante varias semanas en varios puntos de la ciudad -norte y este fundamentalmente- que quedarían acallados durante la cumbre del G8 debido a la estrategia gubernamental de frenar todo acto que pusiera de manifiesto que Irlanda del Norte no había resuelto “los problemas”.

En esta cumbre, B. Obama apeló al derribo de los muros de la capital norirlandesa. En Belfast hay 99 muros construidos desde 1969 (comienzo de “The troubles”) que tienen como objetivo la separación entre las comunidades católica y protestante, y cuentan con el apoyo de hasta un 68% de quienes viven cerca de ellos. Sin embargo, estos muros se encuentran distribuidos desigualmente a lo largo y ancho de la ciudad: un 44% de estos muros los encontramos en el norte y un 30% en el oeste de Belfast.

Con todo, y teniendo en cuenta la clara separación entre protestantes y católicos, hay dos factores que deben tenerse en cuenta: que el 74% de las barreras de separación se reparten entre el norte y el oeste de Belfast, y que según el instituto de Estadística de Irlanda del Norte es en estas zonas donde el riesgo de pobreza es más alto. Ambas zonas se encuentran repletas de mártires en cada esquina pintados en murales, y banderas que no dejan duda de que se acaba de cruzar la frontera entre Irlanda y el Reino Unido, pero permaneciendo en realidad en la capital de Irlanda del Norte.

Mussen Hero

Funeral del considerado héroe lealista R. Mussen

Poder elegir nacionalidad británica o irlandesa, gran autogobierno legislativo y altas dosis de bienestar no parece suficiente en una sociedad donde más del 90% de la población ha sido y es educada en colegios adscritos al protestantismo o al catolicismo. Una educación en la que, según la Comisión de Igualdad para Irlanda del Norte, el bajo rendimiento en las clases trabajadoras sigue siendo la norma (con mayor incidencia en los hijos de la clase trabajadora protestante) , parecen estar relacionados con el conflicto actual norirlandés.

Los disturbios, asociados al sector protestante más beligerante, guardan una estrecha relación con aquella porción del protestantismo que percibe una pérdida de identidad materializado en el aumento de la población católica, la retirada de la bandera del ayuntamiento, la modificación de su ruta de desfile del 12 de julio, y en última instancia, el fantasma de una Irlanda del Norte gobernada por irlandeses.

Sin embargo, esto no es más que la punta del iceberg: no es una cuestión de banderas (en los últimos 7 meses el número de banderas británicas en Irlanda del Norte ha crecido exponencialmente en fachadas de casas, calles y carreteras) o de rutas de desfile (el 20 de julio la Orden de Orange volvió a intentar desfilar por donde le fuera prohibido el paso), sino una cuestión de representación.

Si bien es cierto que la mayor fractura social generadora de tensión es la adscripción británico-irlandesa, no es menos cierto que lo que hemos mostrado en este artículo saca a relucir una nueva situación generadora de conflicto que trasciende a protestantes y católicos y que los atraviesa en su base. Son esos sectores de la población con menos recursos, con acceso limitado a la educación traducidas, en último término, en las clases sociales mas desfavorecidas, las que dan la cara en el campo de batalla en una la lucha por reafirmar la nacionalidad de quienes lo ven desde el otro lado de la barricada. En definitiva, es en estos lugares llamados “flashpoints” donde la clase trabajadora norirlandesa se enfrenta con la misma clase trabajadora norirlandesa, clase trabajadora que por bagaje familiar y potenciada por la institución escolar ven a quienes comparten sus mismas condiciones de existencia como su indiscutible enemigo. Mientras, en Stormont (parlamento de Irlanda del Norte) se debate sobre un conflicto nacional(izado) que mantiene y alimenta la división británico-irlandesa entre quienes comen del mismo pan y beben del mismo vino.

Ninguna transición fue sencilla, y tampoco en Irlanda del Norte se consiguió representar a todos los sectores de la sociedad en el Parlamento. No hay ninguna duda de que hay un conflicto de nacionalidades, pero ahora, más que nunca, el conflicto es de clase.

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