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Las consecuencias de regular el cannabis

enero 13 | En Nacional, Portada | Por | Con Sin comentarios

La nueva Ley de Seguridad Ciudadana diseñada por el Ministerio del Interior tiene, entre sus múltiples aristas, un efecto directo sobre los consumidores de cannabis, la droga que está siempre en el centro de la polémica cuando se habla de legislar ese tipo de sustancias. La Ley Fernández incrementa el importe de las multas a la posesión y consumo en público hasta los 1.001 euros, por los 300 con los que se sancionaban hasta ahora. Pero ¿es la prohibición el mejor camino en la lucha contra la drogadicción?

La reciente ley uruguaya que legaliza el cannabis planteada por el presidente Mújica ha reabierto la senda del debate sobre esta sustancia en el resto del mundo. Un debate cíclico que sigue muy vivo en España, donde los datos hablan de un 10 por ciento de la población que hace uso, ya sea habitual o esporádico, de la popular sustancia. Si sería eficaz o no levantar la prohibición en España es imposible de discernir a priori pero podemos echar un vistazo a otros modelos más permisivos y comprobar cómo ha afectado social y económicamente la permisividad con el consumo.

El modelo holandés

Cómo no, el primer ejemplo que se nos viene a la cabeza al hablar de legalización del cannabis es Holanda. Sin embargo, cabe puntualizar un par de cosas acerca de este mito porque, en contra del pensamiento popular, la marihuana no está legalizada en los Países Bajos. Sigue siendo ilegal su producción y venta pero la posesión y consumo están permitidos siempre que la primera no exceda de lo que se considera un uso personal y el segundo se realice en privado o en establecimientos destinados a ello. Paralelamente estos establecimientos, con su correspondiente licencia del Gobierno, pueden vender cantidades de hasta cinco gramos por persona. Aquí entran en juego los famosos coffee-shops, únicos proveedores legales de cannabis y lugar de reunión para fumadores. Por eso no se puede decir que la sustancia en Holanda sea completamente legal, lo que implicaría la libertad para producir, vender o poseer cualquier cantidad y consumirla en cualquier parte. Es, pues, un status de quasi-legalidad que también genera problemas: al estar prohibida su producción, los coffee-shops han de acudir al mercado negro para conseguir su materia prima (hasta un máximo de 500 gramos en stock por ley), con lo que parte de los problemas de la prohibición siguen ahí.

Este status de permisividad entró en vigor en 1976. Permitía también la entrada al erario público de los impuestos derivados de sacar el cannabis del mercado negro, una cantidad de dinero que el estado no quiere hacer pública. En contra, se situaban las voces de los que pensaban que la legalización o la despenalización del cannabis provocaría un incremento del consumo.

 mari 1

Impacto en el consumo

Según los datos manejados por los autores de un informe de la Universidad de Berkeley en 1997, durante los primeros años de vigencia de la ley el consumo se mantuvo constante en Holanda y a unos niveles inferiores a los de Estados Unidos, donde la legislación era más severa. No fue hasta los años 80 cuando la tasa de consumo empezó a subir sostenidamente, hecho en parte propiciado por el éxito de los establecimientos de venta que empezaron a proliferar en esa década; el número de coffee-shops en Ámsterdam, por ejemplo, se multiplicó por diez. Esta irrupción en la vida cotidiana de los holandeses tuvo un impacto estadístico inmediato y los jóvenes de 18 años que admitían haber probado la sustancia pasaron de ser un 15 por ciento en 1984 a un 44 por ciento en 1996, justo en una época en la que el consumo a nivel mundial experimentó un ligero descenso. Ya en aquel informe se apuntaba no obstante un aspecto positivo del cambio de legislación y que formaba parte de los objetivos de la norma: al aislar a los consumidores de cannabis y apartarlos del mercado negro, se notó un claro descenso de aquellos que luego se pasaban a drogas más duras.

Otro estudio realizado más recientemente (2011) por esa misma Universidad se centra en el impacto de las medidas restrictivas que el gobierno puso en marcha para frenar la escalada. Entre ellas el cierre de diversos coffee-shops considerados conflictivos, la prohibición de la publicidad para este tipo de establecimientos, la reducción de la compra máxima por persona de 30 a 5 gramos en 1995 y el aumento de la edad legal para adquirir la sustancia de los 16 a los 18 años en 2005. Robert J. McCoun, también coautor del estudio de 1997, encontró nuevos datos de interés:

  • Los holandeses consumen marihuana a niveles más bajos que muchos otros vecinos europeos.
  • Los jóvenes holandeses registran altos niveles de acceso al cannabis, pero no tan elevados como los registrados en Estados Unidos y muchos otros países.
  • La tasa de “continuación” de consumo de marihuana desde la experimentación casual en la juventud al consumo regular en la madurez (entre los 15 y los 34 años) es medianamente modesta para los estándares internacionales.
  • El porcentaje de jóvenes de entre 15 y 24 años que han consumido marihuana en el último año ha bajado del 14.3 al 11.4 entre 1997 y 2005.

El artículo concluye que el modelo holandés ha demostrado que es posible eliminar las sanciones al uso y posesión del cannabis sin que esto suponga un aumento dramático en el consumo o el nivel de adicción. Una encuesta realizada en 2004 a usuarios de dos ciudades semejantes pero con diferente legislación sobre el cannabis como Ámsterdam y San Francisco refrenda esta teoría: el 12 por ciento de los consumidores en la capital holandesa lo habían tomado en al menos 25 ocasiones, por el 34 por ciento de la ciudad californiana.

Hoy las voces a favor del regreso al status anterior a 1976 dentro del país son anecdóticas, y las razones son económicas. Actualmente, se calcula que la actividad de los coffee-shops le reporta al Estado holandés unos 400 millones de euros al año en impuestos (datos no confirmados por el Gobierno). Aparte de esto, un millón de turistas visitan anualmente alguno de los coffee-shops de Ámsterdam, un cuarto del total de sus visitantes. Tal es la importancia en la ciudad de este tipo de turismo que el Gobierno se ha visto obligado a derogar la ley de 2012 que prohibía a los extranjeros comprar en estos establecimientos, solo seis meses después de su entrada en vigor, para paliar sus problemas económicos.

marihuana uruguay

El caso de Portugal

Holanda no es el único país de la Unión Europea que ha dado el paso al frente en cuanto a tolerancia a las drogas. Nuestros vecinos se convirtieron en 2001 en el primer país del mundo que descriminalizaba la posesión y uso de todas las drogas (no ya solo el cannabis). Al incluir este concepto explícitamente en su legislación apartó la tenencia y consumo de drogas (no así su producción y venta) del ámbito criminal y pasaron a ser desde ese momento faltas administrativas. Una situación común a otros países como España que, sin embargo, no tiene refrendo en el sistema legislativo como lo tiene en Portugal.

El investigador Glenn Greenwald, en un estudio publicado en 2009, observó que en la práctica las sanciones por tenencia y consumo de cannabis y otras sustancias en Portugal habían desaparecido. En su lugar, los autores de la falta son llamados a acudir a una especie de tribunal civil llamado “Comisión para la Disuasión de la Adicción a las Drogas”, en el que se les ofrece ayuda para rehabilitarse. Como vemos nuestra Ley de Seguridad Ciudadana opta por tomar el camino opuesto, ya que mientras hasta ahora en España no había que pagar las multas si se acudía a algún centro de desintoxicación, a partir de su entrada en vigor será siempre obligatorio, lo que se suma al incremento de más del 300% en su importe. Greenwald ofrece una serie de conclusiones a tener en cuenta sobre el modelo portugués:

  • El consumo en muchas categorías ha descendido en términos absolutos, incluyendo grupos demográficos clave como el de entre 15 y 19 años.
  • En aquellas en las que el consumo ha aumentado, lo ha hecho de forma más modesta que en otros países europeos con un enfoque criminalizador.
  • La tasa de consumo sostenido de marihuana en Portugal es la más baja de Europa.

Quizá sean estos datos los que están haciendo a muchos gobernantes replantearse si el enfoque prohibicionista es el más adecuado. Teniendo en cuenta que los estudios destacan que las tasas de consumo no son más elevadas en estos dos países que en muchos otros con legislaciones más severas, parece evidente que las políticas prohibicionistas no están cumpliendo su objetivo de erradicar las drogas. Y el cambio de mentalidad parece tener beneficios, empezando por unos ingresos muy golosos por impuestos y turismo. Del experimento holandés podemos extraer que un modelo controlado de compra-venta legal puede tener muchas más ventajas que inconvenientes. Estados como Colorado, Washington y Uruguay ya han tomado su decisión de llevarse parte del pastel.

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