El TTIP o cómo sellar un trato con los ojos cerrados

abril 22 | En Contexto, Internacional | Por | Con Sin comentarios

  •  Las negociaciones sobre la Asociación Trasatlántica de Comercio e Inversión no son públicas y los eurodiputados solo pueden consultar la documentación en una reading room, una sala custodiada y sin papel ni teléfono móvil

  • La asociación de libre comercio tiene tres pilares: la reducción de aranceles, la armonización regulatoria y la protección de las inversiones

  • El acuerdo abre la puerta a que las multinacionales infuyan en la creación de leyes y a que las empresas puedan litigar contra un Estado como si se tratara de un igual

    Banderas ttip

El Tratado Trasatlántico de Libre Comercio e Inversión entre Estados Unidos y la Unión Europea ha protagonizado durante meses informaciones de muy bajo perfil en las principales cabeceras nacionales. Activistas y políticos en contra quieren dar un toque de atención al respecto, y advierten de la importancia geoestratégica del acuerdo porque “EEUU y Europa han buscado una manera de saltarse el multilateralismo por la puerta de atrás”. “Se va a crear una instancia supranacional, por encima incluso de la UE, que va a decidir cómo se legisla”, afirmaba la eurodiputada por Podemos Lola Sánchez, miembro de la Comisión de Comercio Internacional en la Eurocámara y encargada del seguimiento de las negociaciones, el pasado 11 de abril en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

¿Quién negocia el TTIP y por qué hay tanto oscurantismo?

La opinión de sus detractores es clara: si trascendiesen las consecuencias del acuerdo nunca se aprobaría. La documentación sobre el acuerdo no es pública. Las autoridades se amparan en que no debe divulgarse más información porque se trata de un acuerdo en el que cada parte -EEUU y la UE- ha de jugar sus bazas en secreto. “Desde la Comisión Europea nos dicen que es por nuestro bien”, ironiza la eurodiputada sobre la opacidad decretada por la cúspide del ejecutivo europeo.

La insistencia de varios miembros de la Eurocámara solo consiguió un acceso restringido a la documentación sobre el TTIP en lo que se conoce como una “reading room”: con un tiempo limitado, sin papel, lápiz ni teléfono móvil, en una sala custodiada y previa firma de una cláusula de confidencialidad. Allí, el interesado debe consultar “a ciegas” una cantidad ingente de documentación sobre la que no puede informar públicamente ni discutir en el propio Parlamento, bajo consecuencias penales.

La hoja de ruta que debe seguir el tratado es la siguiente: las delegaciones estadounidense y europea acuerdan un texto; una vez culminadas esas negociaciones la Comisión Europea debe trasladar el proyecto al Consejo de la UE, donde tendría que ser aprobado por mayoría cualificada (55% de los países que representen al 65% de la población). Con el beneplácito del Consejo, el tratado sería finalmente votado en el Parlamento Europeo.

La izquierda comunitaria cree a día de hoy las negociaciones han quedado congeladas una vez que el acuerdo ha aumentado su presencia en los medios y que la opinión pública ha dirigido su atención hacia él.

El Tratado Transatlántico entre EEUU y la UE puede dividirse en tres grandes pilares:

  1.  La modificación de aranceles,
  2. La armonización de las regulaciones de ambos mercados y
  3. La protección de las inversiones.

No es de esperar que una hipotética eliminación de los aranceles, muy bajos actualmente, provoque un aumento vertiginoso del comercio entre ambas partes.

Es mayor la preocupación por la armonización de normativas entre los mercados europeo y estadounidense: un Consejo de Cooperación Regulatoria será el encargado de redefinir las normativas sobre el comercio de todo tipo de bienes y servicios para obtener una regulación común. No se conoce a ciencia cierta la composición y funcionamiento de ese órgano. Solo que es una mesa a la que se sientan funcionarios europeos y estadounidenses y los representantes de las grandes corporaciones a cuyas actividades comerciales atañe el acuerdo. Según los activistas y la plataforma de eurodiputados contra el TTIP, esto se traduce en consultar a los lobbies de las grandes multinacionales “para decidir si una ley puede seguir adelante o no” a espalda de los movimientos civiles. El acuerdo comercial entre Estados Unidos y Europa no es una lista de directrices selladas sino un armazón legal al que habrán de ceñirse los poderes legisladores de todos los países firmantes.

Las consecuencias de una armonización de legislaciones puede afectar a los estándares de consumo europeos, actualmente mucho más estrictos que los estadounidenses, a las normativas de compra pública en beneficio de las grandes multinacionales frente a las Pymes, a los derechos colectivos de los trabajadores o a la privatización de servicios públicos, entre muchos otros frentes.

El ISDS equiparará a las multinacionales con los Estados

El segundo ingrediente estrella del acuerdo se refiere a la protección de las inversiones. El arbitraje de diferencias entre inversor y Estado, ISDS por sus siglas en inglés, es una cláusula que permite a las multinacionales litigar con los estados. Si determinada legislación estatal contraviene los intereses de una multinacional extranjera que invierte en el país bajo el auspicio de una ley pública y ambas partes han firmado la cláusula de arbitraje, la multinacional puede dirimir sus diferencias con el Estado como si de un igual se tratara.

El principal recelo estriba en los procedimientos arbitrales privados a los que se someterán las inversiones extranjeras. Un tribunal conformado por tres árbitros privados, pertenecientes a las grandes industrias legales, dirimirá si el Estado tiene que indemnizar a una empresa por haber atentado contra sus beneficios esperados o le eximirá de responsabilidades ante una hipotética denuncia privada. Estos procesos ya se realizan bajo la misma cláusula en otros tribunales internacionales de arbitraje, como el CIADI, dependiente del Banco Mundial.

La carestía de información no solo afecta a las sombras del tratado: la Comisión tampoco ha sido prolija en la generación de datos a favor del acuerdo; prima la opacidad y los únicos documentos que trascienden son filtraciones.

Según la plataforma de eurodiputados anti TTIP, los estudios más optimistas encargados por la Comisión Europea solo prevén la creación de medio millón de empleos en los primeros 20 años de vigencia del tratado. La plataforma estima que el acuerdo acarreará la pérdida de miles de puestos de empleo a corto plazo, la caída las rentas de los trabajadores en los principales países de la UE y una progresiva desintegración del actual mercado europeo.

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